Poema
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Espejos, llaves y cabellos dorados en una tarde de enero

Soledad a niveles que duelen. Al punto que me sorprende escuchar
mi propia voz después de días de estar en silencio.

Pocos entenderían que no necesito mas que
un largo abrazo tuyo bajo la luz de la tarde.

Y en la noche, un ruido de llaves cerca de mi puerta
me hace pensar que sos vos. pero nunca llegas
y entonces, espero a la próxima llave y a los próximos
tacos y el próximo ruido del ascensor.

Imagino diez mil formas posibles de pedirle perdón cada día.
de llamar tu atención pero el fuego se apagó y
comienzo a sentir el frío
del que alguna vez habia escapado.

El frío que hasta hace poco creí necesitar. Es un frío que llega
desde adentro hacia afuera. Es un frío que corta y adormece.

Encontré un cepillo roto que no te llevaste,
tiene algunos pelos tuyos aún. Tomo uno y lo extiendo
a la luz. lo paso por entre mis dedos. Es fino y suave.
Lo llevo a mis labios. Lo pongo en la palma de mi mano
y entonces lo aprieto fuerte. Tanto como puedo.

Me veo en el espejo. Hay algo húmedo a los costados
de mi cara y dentro de mis ojos. Dejo nuevamente tu pelo
enredado en el cepillo y eso es todo
lo que me queda
ahora de vos.

Pablo Kersz
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