Rare
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Parpados

Si me fuera posible, no caminaría entre ellos. Sino que flotaría por sobre sus cabezas a no menos de
cinco metros de altura. Evitaría, ante todo, escucharlos hablar.

Aveces, muchas de sus nucas cerca de mi cara, en el metro. Tan cerca de mí que puedo sentir
su calor corporal, e incluso olerlos. Tan cerca de mí, que el aire se hace viscoso cuando intuyo
sus pensamientos y deseos.

Y al sentirlos estornudar o toser, contengo tanto como puedo la respiración y, con cierto disimulo, respiro hundiendo
mi cara en mi ropa, preferentemente en las mangas de mi abrigo.

Y al mirarlos, no puedo evitar pensar en el eterno proceso digestivo que están realizando, un zigzagueante y
oscuro transito intestinal, interminable desfile de excrementos tibios que los recorrerán en espiral descendente
durante todas sus vidas.

Ayer: hombre de mas de sesenta, sentado en un bar pasadas las once de la noche, notoriamente concentrado en
la televisación de un partido de fútbol. En su mesa y respetando una interesante equidistancia encuentro:
tres porciones de pizza, vaso con vino tinto, cenicero y cigarrillo, diario deportivo prolijamente plegado,
encendedor mas dos monedas doradas y una plateada.

Lo miro fumar y tragar su vino alternadamente, casi no toca las porciones de pizza. Murmura constantemente,
con la mirada fija en el aparato y es entonces cuando algo que ve lo hace gritar, junto a los demás presentes,
por lo que se, fue una buena jugada, (una esfera de cuero paso por sobre una línea blanca)
disparando la felicidad colectiva.

Los miro en silencio y pienso en lo mucho que desearía tener párpados en los oídos.

Todo lo que quiero es mantenerme lejos. Tan lejos de todos como puedo. Aunque siento cierta curiosidad
por ese tipo seres. Me gusta observarlos y, al hacerlo, no dejo de preguntarme que son realmente.

Pablo Kersz

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