Uh
Casi cuatro años después atendí el teléfono y de inmediato reconocí tu voz, aunque
habitualmente yo ya no pensaba más en vos. Bla Bla, me gustaría verte, dijiste.
-Bueno. -dije yo. Y tomamos café, aunque no lo deseábamos.
Hablamos de cosas que no me importaban después de viajar casi media hora para verte.
Me puse nervioso cuando te vi. Pequeños cambios. Risas premeditadas. Nos mostramos alegres.
Me dabas un poco de asco y un poco de lástima. En esencia, quería verte para sentir qué era el odio.
Dentro de mi auto, frente a la costa, escuchando las olas y oliendo la sal, pensé en la remota
posibilidad de llevarte a la cama.
-Me duele acá -dijiste, mostrándome tu hombro. Después de los masajes, mientras charlábamos de
actualidad, comencé a acariciar tu largo pelo rubio. -Con vos puedo hablar de cosas interesantes -dijiste.
Pensé en los hombres de tu vida. Incluso en aquel que se interpuso en el momento en que yo
era uno de ellos. Intenté besarte sólo para saber si podía hacerlo. Pude, y también pude ver que
tenías un corpiño marrón claro realmente feo.
Me daba gracia aquello. Ver cómo te sacabas prácticamente sola la ropa dentro del auto.
Era raro creer que alguna vez estuve mal porque te habías ido con ese boludo, el accidental
padre de tu hija y
ahora, cuando el destino nuevamente me dio las llaves de tu culo, yo
ja!
ni siquiera la tenía parada.
Pablo Kersz |